
enero 12, 2011
navegante...

enero 09, 2011
desfiltración nefelibata
Encontrar
Cuándo esperamos, buscamos, buscamos partes de nosotros en lo externo, una especie de katarsis, expresada en una persona, en una caricia, en una mirada, en una palabra... en un beso, en una sonrisa.
encontrar, encontrarnos, como una llamada del viento, como un resquicio pagano en el firmamento, como una palabra adquirida, lejana, casi olvidada... una palabra que no expresa tanto, o dice mucho, dependiendo de cuánto cueste decirla...
y al final soplo queda un torbellino de miradas, y un sorbo de distracción profana, y algo, algo que se pierde entre la niebla de cosas, de movimientos, de canciones, que hacen temblar las porciones de bocanadas de aires que logran entrar en nuestro airoso haber...
but, i will be with you when you lose your breath.
diciembre 18, 2010
Recuerdos de sopetón irracional iracundo.
Habían memorias, y hubieron sueños, ciertamente hubieron momentos, pero los sentimientos tenían en el trasfondo, un residuo opaco, casi cómo un sentimiento culposo. Por la improbabilidad de eludir, las balas del absurdo, y sí, siempre es el absurdo, cómo un fantasma que hiere y muere, en una inconstancia que pudre todo; todo lo que somos, y podemos ser.
Y cada roce, de cada palabra, de cada silencio, era y es, sin embargo, la joya profana infranqueable, el suplicio delicioso, de momentos en furia, de cristales que reflejan una, mil, y un millón de veces: lo que escondemos adentro. Y aquella tormenta, que no sacia, que da más sed, cómo un lago infinito al cual beber sin detenerse, por su latente adicción, y la adicción del alma a inventar cuentos, cuentos que, de todas formas, no se mantienen en suspenso sin antagonistas que ofusquen toda sensación de volar, para caer, y hacernos sentir que las alas son inútiles, las mismas alas que años atrás, él mismo se cortó para no volar tan lejos de casa, y quedar, en aquellos campos de hielo lejano... El infierno, de la Hipotermia en el corazón.
._Cada canción una sonrisa, cada momento una opresión, una diástole uniforme, de remolinos chocando con el sol, y cada momento intraducible, una suspicacia sin pudor, y cada memoria irreducible un tormento sin evolución. .-
Y se aprestaba a prestar servicios, de comandante o de general, comenzaba a mostrar el vicio, de locura con racionalidad. Antes cuando habían fronteras, no había a quién matar, mas ahora cuando el Más es la última frontera, destrozo todo y más, sin conocer fruto de subterfugio, sin respirar aires de hogar, el corazón sin alimento, gritando por saltar a la mar... en viajes de aventura, guerra y morral. Cosas que guardamos, cosas que sopesamos, en un océano infinito, cosas que no queremos más.
Todo se vuelve adictivo, y somos adictos al sueño, al drama, a la locura profana, y a la vez somos adictos a querer, aunque no lo digamos, aunque no lo expresemos: Lo soñamos.

octubre 07, 2010
Tormenta de fuego, tormenta del absurdo.
Pero no, se fue reduciendo el reflejo del alma, el perfume de tú cuerpo, el perfume de tú pelo, se fue para no volver de las bóvedas intrigantes de las laberínticas espirales del corazón de un errante, como una saeta de fuego ardiente tragada por el océano, símil a una erupción volcánica rebobinada en cámara rápida, mitigando rápidamente el sangrado de la herida, cual cerdo o cabra degollada en pos de una fogata.
No era de extrañar que prontamente equivocara, el dejo de locura por una sensación de nada, por un movimiento imperceptible, por una mueca camuflada, un vacío opaco invisible, que todo se transformara en frivolidad, después del atentado del mi mismo, con balas del absurdo, con ilusión perpetua, con muerte certera en vida, enterrada, vomitiva... sazonada con fragancias de un hedor pútrido, a la mínima al corazón…
Disparos de nieve en el desierto.